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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Entrevista con Juan Manzanera: “Meditar es una herramienta para dejar de sufrir”

Por Pepa Castro

Este conocido experto en meditación está convencido: no queremos abandonar las creencias que nos hacen sufrir. ¿Tú sí? Pues Juan Manzanera te explica los beneficios de esta práctica y también sus requisitos.


Fue monje de la tradición tibetana durante 12 años, y es psicólogo clínico, formado en Psicoterapia Integrativa con Claudio Naranjo (programa SAT). Lleva impartiendo cursos de meditación más de 25 años. Funda y dirige la Escuela de Meditación en Madrid, y ha escrito El placer de meditar (Ed. Dharma), La mirada del maestro (Dharma) y El hallazgo de la serenidad (Martínez Roca).
¿Qué es la meditación?
Una herramienta para no sufrir, lo cual no significa que si tú haces meditación todo te va a salir bien; eso sería pensamiento mágico. Si meditas vas a disponer de una estrategia para afrontar los problemas con más paz, serenidad, equilibrio.
¿Qué tipo de meditación elegir?
Lo más realista es probar diferentes estilos y elegir el que mejor te va, el que sientes que te ayuda más.
¿Qué tiene la meditación que ayuda a dejar de sufrir?
Una auténtica práctica de meditación implica tres trabajos: con la atención, con las emociones y con las creencias que tienes sobre ti mismo. La meditación te va a ayudar a dirigir la atención a cosas de la vida que te liberan, que te centran, que potencian tus cualidades. Una persona con depresión se fija en todo lo malo que hay en la vida; una con ansiedad se fija en todos los peligros… La práctica de la meditación te muestra en qué es sano fijarte y te da la fuerza mental necesaria para hacerlo.
¿Cómo ayuda la meditación a trabajar las emociones?
Está muy estudiado que a la hora de afrontar problemas, las emociones positivas te protegen y te dan más más recursos, más lucidez, más tolerancia al dolor, a la frustración, más claridad para ver soluciones. Y la meditación te ayuda a desarrollar estas emociones positivas: amor, armonía, gratitud, regocijo… Es una herramienta potentísima incluso para afrontar incluso enfermedades; si alguien con cáncer tiene un estado de ánimo positivo, está demostrado que hay menos síntomas, tolera mejor la radioterapia, se cura antes. La meditación también ayuda a controlar las emociones negativas, como la envidia, los celos, el enfado…
¿Y cómo influye la meditación en la idea que uno tiene sobre sí mismo?
La idea que no tiene de sí mismo es la base de todo el sufrimiento. Pero es una idea aprendida, no es la verdad. La meditación llega al fondo de nuestro ser, a la verdad, y te despierta esa lucidez, esa inteligencia para discernir. Uno de los principios de la meditación y del camino espiritual es que si tú estás en contacto con lo que eres de verdad, estás en paz.
¿Por qué?
Porque lo que eres de verdad, tu esencia, nunca nada lo puede dañar. Tú puedes sentir sufrimiento, pero sabes que es una parte pequeña de ti a la que afecta; a lo de demás no llega. La fuerza del sufrimiento depende de la fuerza que le damos. El sufrimiento no existe por sí mismo, no está ahí fuera del mundo. La meditación crea esa conciencia de lo que no importa porque dentro está tu paz. Los maestros espirituales sufren también cuando pierden a seres queridos o cuando envejecen; lo que pasa es que tienen la conciencia de saber que hay algo más importante.
Eso no tiene nada que ver con volverse más pasivo, más desinteresado por todo.
No, no. Eso es el error. A veces te encuentras con gente que se cree muy espiritual, que pasa de todo y que con 40 años no trabaja y está viviendo en casa de sus padres. Y dices pero tú adónde vas.
¿En que basa su trabajo de meditación?
En la compasión y la sabiduría. La compasión tiene que ver con la atención y las emociones: vivir la vida cotidiana más satisfecho, relacionarte bien con los demás, aportar algo al mundo, salir de tu egocentrismo. No hay que ser bueno solo por una cuestión ética, sino porque es lo que funciona. La sabiduría tiene que ver con el ser, con lo que somos.
¿Y qué pide la meditación a quien espera obtener sus beneficios?
Tiene que poner pasión, interés, motivación, tiempo. La meditación no es algo que haces un rato; es muy exigente porque requiere durante todo el día auconsciencia, atención. Además de tu práctica de estar sentado, vas cambiando tu actitud en la vida, vas haciéndote consciente de tus emociones, reacciones, etc. Exige un trabajo de conocimiento personal constante.
¿Algún requisito más?
Tienes que querer dejar de sufrir. Esto parece obvio, pero no lo es. Dejar de sufrir tiene que ver con abandonar las creencias. Debes estar dispuesto a soltar creencias, expectativas, metas, deseos… Eso que te hace sufrir es solo una opinión, una forma de ver la vida, pero puede haber muchas otras formas de verla. Yo soy psicoterapeuta, y le puedo decir que gran parte de mi terapia es convencer a la persona de que abandone una creencia que le está haciendo daño.

Un medio, no un fin

Para Juan Manzanera meditar es secundario, lo importante es la vida. ¿Por qué sentarnos a meditar? Porque esa media hora de meditación nos ayuda a ser conscientes de lo que nos pasa. “El objetivo no es ser un gran meditador, como interpreta mucha gente. Cuando alguien te dice que se quiere retirar al campo a meditar, te está diciendo que quiere el placer de la meditación, pero no afrontar la vida dejando de sufrir”.

Entrevisa aparecida en www.yogaenred.com

martes, 6 de noviembre de 2012

Además de meditar sobre la compasión, hemos de llevarla a la acción



Matthieu Ricard
La neurociencia entrevista al hombre mas feliz del mundo, su nombre Matthieu Ricard que es biólogo científico y al mismo tiempo monje budista tibetano... Este vídeo explica en términos sencillos lo que es la meditación y como se puede utilizar en la vida cotidiana.

¿Qué es la meditación? I

No importa cuántas palabras sagradas hayas leído,
no importa cuántas has dicho,
no sirven de nada si no actúas.
Siddhārtha Gautama, el Buddha.


El término «meditación» proviene del latín meditatio, que originalmente indica un tipo de ejercicio intelectual. Generalmente el término se refiere a la meditación propia de las prácticas yóguicas, originadas en India. La escuela teosófica del siglo XIX que introdujo en occidente y estudió estas prácticas adoptó la palabra «meditación» para referirse a las diversas técnicas de recogimiento interior o contemplación propias del hinduismo, buddhismo y otras religiones orientales. La meditación se caracteriza normalmente por tener algunos de estos rasgos:
  • Un estado de concentración o focalización en el momento presente.
  • Un estado experimentado cuando la mente se disuelve y es libre de sus propios pensamientos.
  • Una concentración en la cual la atención es liberada de su común actividad y focalizada en lo absoluto, en la unicidad.
  • Una focalización de la mente en un único objeto de percepción, como, por ejemplo, un objeto, la respiración o la recitación de mantras.
El objetivo de la meditación consiste en observar y despertar la naturaleza de la mente e introducirnos a aquello que en realidad somos, a nuestra consciencia pura e inmutable que subyace a la totalidad de la vida y la muerte.
La meditación nos enseña a satisfacer nuestros deseos profundos, a descubrir la felicidad interna y a alcanzar una sensación de unidad con la vida. Podemos llegar a descubrir quienes somos en realidad y un modo más sabio de vivir esta extraña vida en la que estamos sumidos, ayudándonos a vislumbrar de que va todo el proceso de la vida y de la muerte. Lo único que necesitamos es una práctica constante que nos permita conseguir el equilibrio interior necesario para tener una visión clara de todo este proceso.
La meditación es la manera de volver a nosotros mismos, el lugar donde poder experimentar nuestro ser completo, más allá de los patrones culturales impuestos por la sociedad. En el silencio de la meditación, observamos y regresamos a esa profunda naturaleza interior que aparece oculta y que olvidamos con tantas ocupaciones, problemas y distracciones de nuestras mentes.
Meditar es la condición o estado natural de la conciencia humana, capaz de comprender por sí sola el significado de su existencia, aún si esto  ocurre a nivel del inconsciente. Esta percepción se interrumpe constantemente por la agitación o el interés en los asuntos particulares que absorben nuestra atención. La práctica de una rutina de meditación devuelve a la mente a ese estado básico y primordial. En la tradición zen se dice que meditar es "tocar el corazón" del ser humano.
En el silencio de la meditación, podemos observar esa profunda naturaleza interior, ese estado primordial de la mente que perdimos de vista entre la agitación y la distracción de nuestra mente, y regresamos a ella. Normalmente nuestra mente no pueda estarse quieta más de unos pocos instantes sin anhelar distracción; es inquieta y desasosegada. La concentración mental o la atención plena ayuda a reordenar la mente y calmar la ansiedad. Mejora la comprensión de objetivos y motivaciones y equilibra el carácter. Aunque también puede hacer resurgir motivaciones, traumas, emociones o energía enquistadas.
Estamos fragmentados en muchos aspectos distintos. No sabemos quienes somos en realidad, ni con qué aspectos de nosotros mismos deberíamos identificarnos ni en cuáles creer. Son tantos los dictados, voces y sentimientos que luchan por controlar nuestra vida interior que nos encontramos dispersos por todas partes, en todas direcciones.
Cuando comenzamos a practicar meditación, incorporamos una visión y una perspectiva totalmente diferente. En la vida cotidiana ponemos mucho esfuerzo en la obtención de las cosas externas con muchos problemas y obstáculos que hay que superar, por el contrario, en la meditación buscamos obtener objetivos internos sin ninguna lucha, por tanto, es una ruptura de nuestro funcionamiento habitual.
En nuestro mundo occidental, la gente tiende a estar muy interesada en la "tecnología" de la meditación. Pero la característica más importante de la meditación no es la técnica, ni tan siquiera la postura, es más bien actitud interior y la motivación con que se realiza esta.
La meditación es simplemente una cuestión de estar, de estar en el momento presente, dejando ir al pasado y sin pensar en los problemas que nos traerá el futuro, es como derretirse, como un pedazo de mantequilla dejada al sol. No tiene nada que ver con saber o no; de hecho, cada vez que practicamos la meditación debemos intentar estar frescos, como si sucediera por primera vez.
Nos sentamos con el cuerpo relajado, silencioso, la mente tranquila, y permitimos que los pensamientos al observarlos sin involucrarnos en ellos vengan y se vayan, sin dejarlos causar agitación en la mente, somos los espectadores neutrales de este flujo de pensamientos que pasan por nuestro cerebro y que debemos dejar ir como si fueran nubes que surcan el cielo lentamente. Si necesitamos algo que hacer, algo a lo que asirnos mientras meditamos, podemos observar la respiración. Es un proceso muy simple. Cuando exhalamos, sentimos que estamos exhalando.
Cuando inhalamos, sentimos que estamos inhalando, sin juzgar o hacer cualquier comentario mental, sólo nos identificamos con la respiración. Este proceso de la mente en atención plena sobre un objeto, en este caso la respiración, es muy simple, está al alcance de cualquier persona. Pero, aunque sencilla, esta técnica repetida con cierta regularidad es capaz de procesar los pensamientos y las emociones, en especial las negativas y liberarnos de ellas como si de una vieja piel de la que nos desprendemos se tratara.
Generalmente las personas se concentran en diferentes partes del cuerpo para relajarse. Pero la relajación completa y verdadera viene cuando nos relajamos de adentro hacia afuera, entonces todo será más fácil y natural.
Cuando comenzamos a practicar, no debemos forzar la concentración, solamente se trata de permanecer en el presente sin tensión, sin esperar ningún logro o recompensa, en definitiva, sin esperar nada a cambio. No es necesario centrarse en cualquier objeto o concepto para comenzar. Es mejor ser espacioso, dejar espacio en nuestro interior y permitir que los pensamientos y las emociones aparezcan. Si lo hacemos así, más tarde, cuando utilicemos un método como puedes ser observar la respiración, la atención estará más fácilmente consciente en el respirar. No hay punto determinado en la cual necesitemos concentrarnos, es simplemente el proceso natural de la respiración.
Intentamos identificarnos realmente con la respiración, más que solamente observarla. Podemos elegir un objeto, como una flor, una vela, para enfocar la atención; o visualizar una luz en la frente, o en el corazón. Se puede utilizar un sonido particular o un mantra. Pero al principio es mejor simplemente ser espacioso como el cielo y sentir que somos el universo entero y formas parte de él.
Cuando nos sentamos a meditar, debemos dejar que todo se calme permitiendo que las cosas y todo lo que está en desorden o agitado se disuelva naturalmente, se desvanezca tranquilamente, de aquí nacerá el verdadero ser. Experimentamos entonces un aspecto que podríamos definir como "verdadero yo". A medida que profundizamos más, comenzamos a descubrir y a conectarnos con la calidad de amar que es la más fundamental y el motor de esta práctica.
La práctica de la meditación busca que la mente descanse en su propia naturaleza. Nos sentamos y dejamos que todos los pensamientos y conceptos se disuelvan, es como cuando las nubes se disuelven o la niebla se evapora, revelando el cielo claro y el sol que brilla detrás de ellas. Cuando todo se disuelve, comenzamos a experimentar la verdadera naturaleza. ¡Estás vivo! Y en ese momento, nos sentimos realmente bien. Está sensación de bienestar es completamente diferente a todas las que hemos experimentado anteriormente. Es una experiencia verdadera y genuina, en la cual se siente una profunda paz, alegría y confianza en uno mismo.
Cuando se medita es esencial que se cree un ambiente mental adecuado. Todos los esfuerzos y luchas vienen de la estrechez, de no hacerse espacio, de no crearse un espacio adecuado en el que estar a gusto, de modo que crear ese ambiente adecuado, es vital para que se produzca verdaderamente la meditación. Cuando están presentes el humor y la amplitud, la meditación surge sin esfuerzo.
A veces, al meditar no es necesario utilizar ningún método en especial. Podemos limitarnos a dejar reposar la mente y relajarnos, y sentado en silencio, descansar en la naturaleza de la mente; sin dudar ni preguntarnos si estamos en el estado correcto o no. No hay ningún esfuerzo, sólo comprensión, una actitud despierta y una certeza inconmovible. Cuando descansamos en la naturaleza de la mente, la mente ordinaria ya no está ahí. Ya no necesitamos confirmar nuestra existencia: simplemente somos. No hay nada más que hacer que simplemente ser.
Los maestros tibetanos nos enseñan que para meditar simplemente lo que debemos hacer es "Llevar la mente a casa, soltar, y relajarse". Toda la práctica de meditación puede resumirse en estos tres puntos básicos: llevar la mente a casa, aflojar o soltar y relajarse.
Llevar la mente a casa significa llevar la mente al estado de "morar en calma" mediante la práctica de la presencia mental. En sentido profundo, llevar la mente a casa es volver la mente hacia el interior y reposar en la naturaleza de la mente.
Al sentarnos en silencio si observamos atentamente nos daremos cuenta que todo lo que abarca la vista está cambiando continuamente. No hay nada en nuestra vida que perdure ni se mantenga estable durante mucho tiempo. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que todo se halla sumido en un proceso de cambio continuo. Sin embargo, normalmente queremos que las cosas, que cambian de continuo, permanezcan igual y nos aferramos a ellas, así acabamos sumidos en la decepción y el sufrimiento. Por más que nos aferremos a algo queriendo que perdure, ese algo no dejará de cambiar. Tratar de apegarnos o aferrarnos a lo que fue, simplemente genera insatisfacción y sufrimiento, porque la vida, en realidad, es un flujo continuo que cambia a cada instante.
Soltar significa dejar salir la mente de su cárcel del apego, puesto que uno reconoce que todo el sufrimiento, dolor, miedo y perturbación proceden del ansia o la sed de la mente por apegarse a los deseos y de aquello que fue. En un plano más profundo, el conocimiento y la confianza que surgen de la creciente comprensión de la naturaleza de la mente estimulan la generosidad natural que permite dejar que el corazón se desprenda de todo apego, dejar que se libere y se disuelva en la inspiración de la meditación.
Cuando descubrimos que todo es fugaz, inaprensible, impermanente y que si nos apegamos a las cosas pretendiendo que no cambien, generamos mucho sufrimiento, nos damos cuenta de lo sabia que es la actitud de soltar y relajar.
Relajarse significa ser espacioso y apaciguar todas las tensiones de la mente. En un sentido más profundo, es relajarse en la verdadera naturaleza de la mente. Darse cuenta de que ganancia y pérdida, elogio y culpa, placer y dolor, forman parte de la esencia cambiante de la vida y son inseparables. Soltar y relajarse no significa despreocuparse de las cosas, y dejar que ocurran por sí solas, sino cuidar de ellas de un modo más flexible, respetuoso y sabio.
Los maestros tibetanos dicen que este proceso de relajación es como derramar un puñado de arena sobre una superficie plana. Cada grano se asienta por su propia cuenta. Así es como debemos relajarnos en nuestra verdadera naturaleza, dejando que todos los pensamientos y emociones cesen naturalmente y se disuelvan en el estado ecuánime de la naturaleza de la mente.
A veces nos preguntamos ¿Qué hay que ver, escuchar o sentir cuando se medita? El maestro theravada Acharn Tippakorn Sukhito, dice que "ver es sólo ver, oír sólo es oír". Si te concentras realmente sentirás el cuerpo y la mente ligeros. Pero normalmente decimos, que surja el sentimiento que surja, es sólo un sentimiento. Debemos observarlo, identificarlo y soltarlo. Por tanto, lo verdaderamente importante en la técnica de la meditación es darse cuenta, observar lo que surge en el cuerpo y en la mente y después soltarlo.
No hay necesidad de meditar por mucho tiempo, apenas permanecer en silencioso hasta que podamos entrar y conectarnos con la esencia del corazón, este es el punto principal.
Una vez que la mente esté atenta y plenamente concentrada, la mente estará tranquila, estaremos en el momento presente en todo lo que hacemos. Como en el conocido dicho zen: "Cuando como, como; cuando duermo, duermo". Cualquier cosa que hagamos estará completamente presente en el acto, ya sea lavando platos, bailando o barriendo la casa, si se hace completamente consciente, se puede decir que estamos meditando.
Uno de los puntos fundamentales del viaje espiritual es la práctica de la meditación, es perseverar y ser constante a lo largo del camino. Un día la meditación puede ser buena pero al día siguiente puede que no lo sea tanto. Siempre estamos influenciados por nuestras experiencias diarias, pero si perseveramos, la práctica verdadera florecerá dentro de nosotros y entonces lo bueno y lo malo, se convierten en un simple espejismo. Puede hacer buen o mal tiempo pero el cielo siempre es el mismo, siempre es azul. Si perseveramos con constancia y mantenemos actitud espaciosa, sin la perturbación de emociones y experiencias, podemos desarrollar la estabilidad y la profundidad real de la meditación.
Encontramos esto gradualmente y casi inadvertidamente, nuestra actitud comenzará a cambiar. Ya no nos aferraremos a las cosas tan sólidamente como antes, y aunque sucedan crisis nos mantendremos tranquilos de forma natural, sin tensión, sabremos manejarlas y nos daremos cuenta de que todas las situaciones negativas dejan de serlo si son vividas con un corazón alegre y una mente calmada.
No podemos controlar al mundo, pero podemos controlar cómo actuamos en nuestro interior, y observar y traducir el mundo exterior de una forma más positiva. Podemos obtener un entendimiento más claro sobre la causa y el efecto y por ello seremos más cuidadosos con el comportamiento y el habla. Comprendiendo así, que es más importante observar nuestros propios fallos que mirar los fallos de los demás. El resultado será más paz mental en todas las situaciones.
Experimentaremos más felicidad debido a la capacidad de soltar las cosas cuando surgen dificultades, ya no habrá tanto apego ni aferramiento, sintiéndonos menos involucrados emocionalmente y por fin disfrutaremos de las cosas sin que sean causa de tanto sufrimiento.
Pero ¿Cuál es el objetivo de la meditación? En oriente se dice que la meta final de la meditación es la liberación del sufrimiento, el nirvāṇa. Pero, antes de llegar a esto, la meditación traerá más paz y felicidad a la vida del meditador. Las cosas siguen iguales, pero ya no permitimos que nos creen sufrimiento. Por fin, tendremos un sitio donde acudir, un refugio para la mente.
Todo el mundo puede practicar meditación, no es necesario ser religioso para meditar. Vale la pena probar, incrementa la atención, la paz y la felicidad en la vida. Si todos y cada uno de nosotros crease esta paz en su interior, conseguir la paz en este mundo no sería tan difícil. Hemos de crear paz en nuestro propio corazón, ya que es difícil encontrarla fuera de nosotros.
Nyoshul Khenpo Rinpoche, gran maestro tibetano del dzogchen, escribió: "Descansa en la gran paz natural esa mente exhausta, abatida por los golpes del karma y el pensamiento neurótico, como la furia implacable de las olas que rompen en el océano infinito del saṃsāra"




Meditación para potenciar el cerebro

Durante mucho tiempo la meditación se ha asociado a los yoguis y a los hippies, a posturas raras y palabras tipo oommm, pero la ciencia demuestra que meditar cambia la estructura y la función de nuestro cerebro. 

Cristina Sáez 

¿A quién no le gustaría trabajar en una empresa como Google? En sus oficinas centrales, ubicadas en California, disponen de restaurantes, cafeterías, gimnasios, piscinas, salas de relax y masajes; pistas de tenis y de voleibol. Incluso hay salas para jugar a la consola, hacer puzles o construir un lego. La idea es que los geek encargados de seguir haciendo que Google continúe al frente de la innovación tecnológica en la red puedan tomarse una pausa cuando estén cansados o agobiados y despejarse. Así, seguro que luego rinden más y son mucho más eficientes y creativos.


De un tiempo a esta parte, además, entre la oferta de actividades que proponen a sus trabajadores, hay un curso de meditación. Se llama “Busca en tu interior. El camino inesperado para conseguir éxito, felicidad (y paz en el mundo)” y se trata de sesiones orientadas, sobre todo, a enseñar a la plantilla de este gigante de internet inteligencia emocional a través de la práctica meditativa. Desde que lo pusieron en marcha, ya han pasado más de mil trabajadores por estas clases, y hay largas listas de espera cada vez que lo ofertan, cuatro veces al año. En cada ocasión pueden participar hasta 60 personas y dura siete semanas.
En un reportaje sobre este programa de meditación, publicado hace unos meses en The New York Times, Richard Fernández, director de desarrollo ejecutivo y psicólogo de formación, afirmaba que notaba muchas diferencias en cómo llevaba a cabo su trabajo después de tomar estas clases. Aseguraba que ahora era mucho más flexible y era capaz de adaptarse mejor a las situaciones como jefe de un equipo: “Escucho más atentamente y con menos reactividad en las reuniones”, decía.
Google no es la única empresa que entrena a sus trabajadores en esta práctica oriental. También lo hace, por ejemplo, el Deutsche Bank. Se ha comprobado científicamente que meditar reporta muchos beneficios. Hasta ahora, solía asociarse con la relajación y se sabía que reducía el estrés. Pero ahora, gracias a las técnicas de imagen cerebral desarrolladas en los últimos veinte años, se ha podido empezar a demostrar que meditar tiene la capacidad de modificar la estructura del cerebro y también sus funciones.
Tan sólo media hora de meditación al día basta para aumentar la capacidad de atención y de concentración; también mejorar la memoria y el proceso de toma de decisiones. Y, quizá lo más importante, regular las emociones. Eso hace que, en un equipo, la gente se entienda, sea más empática y se lleve mejor, que esté más avenida y el grupo sea más compacto, lo que repercute positivamente en la calidad del trabajo.
A pesar de que durante bastante tiempo –e incluso tal vez ahora– se solía asociar la meditación con los hippies y los yoguis, y muchos eran escépticos acerca de sus beneficios, lo cierto es que esta práctica empezó a despertar el interés de algunos científicos hace casi cuarenta años. Richard Davidson, profesor de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Wisconsin-Madison, y director del Centro para la Investigación de Mentes Saludables, fue uno de los pioneros. Cuando al final de su segundo año de carrera en Harvard, en los años setenta, se fue con su mujer a India y Sri Lanka, muchos de sus compañeros y profesores pensaron que estaba loco y que iba a dar al traste su prometedor porvenir.
“El hecho de practicar la meditación era considerado casi una herejía y estudiarla era un imposible científico. […] Mis mentores en Harvard me dejaron muy claro que si quería tener una fructífera carrera científica, estudiar meditación no era el mejor lugar por el que empezar ”, recuerda Davidson, hoy un prestigioso y conocido neurocientífico, en su último libro (2012), El perfil emocional de tu cerebro (Destino). Él no cejó en su empeño. Se pasó tres meses en el Sudeste Asiático, volvió a Harvard, siguió con sus cursos y practicando meditación en secreto. Aún en la facultad, junto a Daniel Goleman, el que luego sería el popular autor del superventas Inteligencia emocional, llevó a cabo un experimento con 58 personas que tenían diversos grados de experiencia en meditación. Vieron que cuanto más habían meditado las personas, menos ansiedad padecían y, en cambio, más capacidad de atención presentaban.
Davidson no era el único científico en aquel entonces que investigaba la práctica meditativa. Jon Kabat-Zinn, un doctor en Biología Molecular del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), comenzó a meditar en 1966 y pensó en aprovechar lo que había aprendido y enseñarlo a otros. Así, en 1979, fundó el programa Mind­fulness para la reducción del estrés, en la Universidad de Massachusetts, una antigua práctica budista que Kabat-Zinn pensó que podía aplicarse para tratar a personas que sufrían de este mal. Hoy en día, esa forma secular de meditación es la más extendida en centros médicos y clínicas universitarias europeas y de América del Norte.
En 1999 se produjo un paso importante: Davidson y Kabat-Zinn midieron la actividad eléctrica de un grupo de voluntarios con electroencefalogramas, de los que previamente habían calculado los niveles de ansiedad y estrés que sentían. Luego, los participantes empezaron a seguir un curso de mindfulness. Al cabo de cuatro meses, los dos neurocientíficos comprobaron que la corteza cerebral encargada de las emociones y de una mayor o menor resistencia a la adversidad había triplicado su activación. Además, comprobaron que el sistema inmune de los participantes había mejorado. El estudio científico de aquella ancestral práctica budista comenzaba a dar frutos importantes.
Mindfulness o conciencia plena En los últimos dos años, se han publicado numerosos estudios científicos que demuestran que meditar fomenta la autoconciencia, la empatía, la memoria, la capacidad de aprendizaje y la creatividad. Una de estas investigaciones, quizá la más importante, es la que ha llevado a cabo un grupo de psiquiatras del hospital General de Massachusetts, liderados por la doctora Sara Lazar, quien afirma que si bien la práctica de la meditación se suele asociar a una sensación de tranquilidad y relajación física, se ha visto desde la medicina que también proporciona beneficios cognitivos y psicológicos que persisten durante todo el día. Y que son esos beneficios demostrados los que están detrás de la sensación de bienestar.
Para esta investigación, Lazar y su equipo tomaron imágenes por resonancia magnética de 16 voluntarios dos semanas antes y dos después de que realizaran un programa de mindfulness de dos meses, en el que se les hacía meditar unos 27 minutos diarios. Los investigadores encontraron un aumento de la densidad de la materia gris en el hipocampo, área del cerebro esencial para el aprendizaje y la memoria, así como en estructuras relacionadas con la compasión, la introspección y la autoconciencia.
Y no sólo eso. Vieron, además, que disminuía la materia gris en la amígdala, zona encargada del miedo y del estrés, lo que abre la puerta a nuevas terapias para pacientes con graves problemas de estrés postraumático tras haber sufrido una experiencia dura, como un accidente o un atentado. Los voluntarios también habían mejorado en tareas que requerían atención y procesamiento sensorial. En las personas de mayor edad, la diferencia era más que notable, lo que sugiere que tal vez meditar pueda ayudar a frenar el proceso de reducción del córtex cerebral y el declive cognitivo, asociado a la edad.
Más atención y concentración El mindfulness o conciencia plena es una práctica milenaria que hunde sus raíces en el budismo y la filosofía zen. “No se trata de un método particular, ni tampoco de una técnica –explica Jon Kabat-Zinn en Mindfulness en la vida cotidiana (Paidós)–. Se trata de estar abierto a jugar con la posibilidad de darte cuenta de qué estás sintiendo en cada momento y no intentar sentirse diferente”. Básicamente, tiene que ver con concentrarse en una imagen, un sonido, o en la respiración propia. Aunque a simple vista parece demasiado sencillo, lo cierto es que esta práctica parece ejercitar partes del cerebro que nos ayudan a prestar atención. Por ejemplo, en diversos centros de Estados Unidos se han llevado a cabo algunos estudios en los que emplean técnicas muy sencillas de meditación con niños de cuatro años. Les ponen una piedra pequeña en la barriga y les dicen que deben concentrarse en esa piedra mientras respiran. Después de unas semanas, los pequeños mejoran su atención en clase, se concentran más y son más creativos.
“La atención es la clave para aprender y la meditación te ayuda a regularla”, afirma Richard Davidson, director del Laboratorio de Neurociencias afectivas de la Universidad de Wiscosin. Pero ¿en qué consiste exactamente meditar? Constanza González, psicóloga clínica (Sentit.es), explica que meditar es “un espacio para poder detenerse y darse cuenta de lo que está pasando en nuestro interior. Una vez te detienes, puedes observar con qué actitud vives lo que estás viviendo y te permite tomar decisiones respecto a muchas cosas. Es, simplemente, el ejercicio de estar presente, de observar, sin juicios”, razona.Y pone un ejemplo a modo de metáfora: “Imaginemos a una persona que trabaja en el campo, realiza mucho trabajo físico. Al llegar a casa, se detiene, se sienta en el sofá y descansa. Meditar es parecido a eso. Es no pensar en lo que tienes que hacer, en lo que has hecho, en lo que dijiste, en lo que te dijeron. Es, simplemente, estar presente viendo qué sucede aquí y ahora”. Un ejercicio muy sencillo consiste en prestar atención a la propia respiración. El estar concentrados en inspirar y expirar nos genera calma, sosiego y nos permite descansar, porque dejamos de darle vueltas a aquellas cosas que nos preocupan para prestar únicamente atención a la respiración. Y este ejercicio tan simple puede potenciar nuestra creatividad, puesto que cuando estamos obcecados con algo, no podemos abandonar el lugar en que estamos y cambiar de perspectiva para ver las cosas de otra forma. “La meditación –destaca la psicóloga Constanza González– nos permite abrir el espacio necesario para ver con claridad”.
Silencio en medio del zumbido “A lo largo de toda mi vida he tenido como un zumbido en la cabeza. La práctica meditativa ha hecho que en tan sólo unas cinco semanas se haya empezado a crear un silencio en mi interior. Ahora noto quietud, tranquilidad, y eso me da mucha perspectiva y me permite estar mucho más sosegado”, explica Vicenç Castellano, el que fuera el popular presentador del espacio televisivo Ajuste de cuentas, y hoy en día al frente de Traders International, un programa on line para aprender a invertir en bolsa y convertirse en trader profesional.
Hace un año que este experto en economía practica meditación de manera regular entre una hora y una hora y media. “Se trata de aquietar la mente, observando los pensamientos, sin quedarte atrapado en el proceso del propio pensamiento. Es observar el propio proceso de pensar”, añade. Para Castellano, la meditación es, además, su arma secreta para ser más creativo en su trabajo y no dejarse secuestrar por las emociones en su vida diaria. En lugar de reaccionar, su opción es actuar. “Como estás mucho más sereno y estás centrado, las ideas fluyen”, considera. “Los pensamientos son como una línea de puntos seguidos que bombardean continuamente a la mente muy rápido. Pero si te quedas observando los pensamientos que vienen y van, puedes alejarte de ellos. Y llega un momento en que el bombardeo empieza a disminuir y te das cuenta de que entre pensamiento y pensamiento hay algo mágico: un espacio de consciencia“.
Otros beneficios Andrés Martín Asuero (Andresmartin.org) es uno de los principales expertos que hay en España en mindfulness y en terapias de reducción del estrés y del dolor, y se formó junto a John Kabat-Zinn. Lleva décadas estudiando, practicando y enseñando esta tradición y cuenta que el sosiego, la creatividad y el ser capaces de actuar y no de reaccionar, son tan sólo algunos de los efectos positivos que produce meditar. También, asegura, disminuye el nivel de cortisol en sangre y eso, a su vez, disminuye el estrés. El cortisol es una hormona neurotóxica capaz de arrasar las terminaciones neuronales y disminuir así la capacidad de memorizar y de aprender.
Además, en un trabajo llevado a cabo con la Universidad del País Vasco y el Colegio de Médicos de Bizkaia, ha demostrado que meditar baja la tensión arterial y mejora el sistema inmune. “El cortisol afecta a nuestras defensas, de manera que si conseguimos reducir el nivel de esta hormona tóxica, también mejoramos nuestras defensas naturales contra las enfermedades”, dice Martín, autor del libro Con rumbo propio (Plataforma).
Meditar también beneficia nuestra capacidad empática. Al ser capaces de calmar la mente, podemos estar en contacto con nosotros mismos y al mismo tiempo con los demás, como demostró un experimento emprendido por Andrés Martín con 84 profesionales del ámbito de la salud en Barcelona. Entrenó a médicos y enfermeras durante un año en mindfulness y al acabar el programa estos afirmaban sentirse menos irascibles y ansiosos; consiguieron reducir el estrés que sentían y, sobre todo, aumentaron los sentimientos de empatía y compasión, esenciales para tratar con los enfermos. “En un centro hospitalario siempre se producen situaciones de estrés –relata Toni Prats, jefe del servicio de anestesiología, reanimación y terapéutica del dolor del hospital Asepeyo de Sant Cugat (Barcelona)–. El nivel de exigencia es alto, hay situaciones de nervios y a veces la gente pierde los papeles”. Hace dos años, Prats, que es también instructor en mindfulness, empezó a explicarle a sus compañeros del hospital qué era aquello de meditar y los invitó a participar en un curso. Para su sorpresa, el éxito de la convocatoria fue rotundo y desde entonces, repite cada cierto tiempo este entrenamiento.
“Meditar hace que entres en la habitación de un paciente prestando plena atención a aquella persona, sin estar pensando en el otro que acabas de dejar en la habitación contigua o en la operación que tienes luego. Con entrenamiento, somos capaces de percatarnos de que, tal vez, lo que le sucede a ese paciente es que tiene miedo, que está ansioso ante una posible intervención. Entonces podemos conectar con esa persona”, cuenta Prats. El año pasado, este médico anestesista que practica meditación desde hace años cada día y que es ahora también instructor, puso en marcha un programa piloto en el hospital. Se trataba de un curso de tres semanas dirigido a familiares de pacientes con daño cerebral, para ayudarlos a sobrellevar la situación a que debían enfrentarse. Y los resultados fueron muy positivos. También Kabat-Zinn llevó la meditación a los hospitales; entrenó a pacientes que debían operarse y que presentaban un nivel de ansiedad y angustia elevado en prácticas meditativas, y así consiguió aliviarlos.
Aunque, lo que de verdad es importante, señala la psicóloga clínica Constanza González, no es tanto lo que sucede cuando uno medita, sino después, justo cuando retomamos nuestra vida y empezamos a resolver y a encarar las cosas desde esa perspectiva. Se trata de detenernos para poder actuar y no dejarnos llevar por la inercia que, a menudo, nos hace sufrir. Meditar para cambiar nuestro cerebro y cómo funciona, y entonces, así, cambiar nuestra vida.

Las Pruebas Sostienen que la Meditación Fortalece el Cerebro, según Investigadores de la UCLA

Mark Wheeler
Anteriores evidencias aportadas por la UCLA sugerían que meditar durante años engrosa el cerebro (en un buen sentido) y fortalece las conexiones entre las células cerebrales. Ahora, un nuevo informe realizado por investigadores de la UCLA, sugiere aun otro beneficio.

Eileen Luder, profesora asistente del Laboratory of Neuro Imagining de la UCLA, y colaboradores, han hallado que las personas que practican meditación durante años tiene mayores cantidades de girificaciones (los “pliegues” del córtex, que permiten que el cerebro procese la información más rápido) que las personas que no meditan. Además, se ha encontrado una correlación directa entre la cantidad de girificación y el número de años de meditación, ofreciendo tal vez más pruebas de las neuroplasticidad del cerebro, o la habilidad de adaptarse a los cambios ambientales.
El artículo aparece en la edición online de la revista Frontiers in Human Neuroscience.
El córtex cerebral es la capa más superficial de tejido neural. Entre otras funciones, juega un papel fundamental en la memoria, la atención, el pensamiento y la conciencia. La girificación o los pliegues corticales son el proceso mediante el cual la superficie del cerebro hace frente a los cambios para crear surcos estrechos y pliegues llamados surcos y giros. Su formación puede promover y mejorar el procesamiento neural. Es de suponer entonces que, cuantos más pliegues ocurren mejor procesa la información el cerebro, toma decisiones, forma recuerdos, etc.
“Más que comparar sólo meditadores y no meditadores, queríamos ver si hay una conexión entre la cantidad de práctica de meditación y la extensión de alteración cerebral,” dijo Luders. “Es decir, correlacionar el número de años de meditación con el grado del plegamiento.”
Los investigadores hicieron resonancias magnéticas a 50 meditadores, 28 hombres y 22 mujeres, y las compararon con 50 sujetos control que coincidían en edad, lateralidad y sexo. Las imágenes de los sujetos control se obtuvieron de una base de datos de resonancias magnéticas ya existente, mientras que los meditadores fueron reclutados de diferentes centros de meditación. Los meditadores habían practicado 20 años de media empleando diversos tipos de meditación – Samatha, Vipassana, Zen y otras. Los investigadores aplicaron un enfoque integral del cerebro bien establecido y automatizado para medir la girificación cortical en miles de puntos alrededor de la superficie del cerebro.
Encontraron prominentes diferencias entre grupos (niveles elevados de girificación en practicantes activos de meditación), en amplias zonas del córtex, que incluían el giro precentral izquierdo, la ínsula dorsal anterior izquierda y derecha, el giro fusiforme derecho y el cuneo derecho.
Aunque quizá lo más interesante, sea la correlación positiva entre el número de años de meditación y la cantidad de girificación insular.
“A la ínsula se le atribuye la función de centro de la integración automática, afectiva y cognitiva,” dijo Luders. “Los meditadores son conocidos por su maestría en la introspección y la conciencia así como en el control emocional y la auto-regulación, por tanto los hallazgos arrojan sentido a que cuanto más haya meditado uno, mayor será el grado de plegamiento en la ínsula.”
Aunque Luders advierte de que factores genéticos y ambientales pueden haber contribuido a los efectos que observaron los investigadores, con todo, “La correlación positiva entre la girificación y la cantidad de años de práctica respalda la idea de que la meditación refuerza la girificación regional.”
Entre los autores del estudio están Florian Kurth, Emeran A. Mayer, Arthur W. Toga, y Katherine L. Narr, todos de la UCLA, y Christian Gaser, University of Jena, Alemania. Las financiación fue aportada por diversas organizaciones, entre las que está el National Institute of Health. Los autores informan de que no existe conflicto de intereses.
El Laboratory of Neuro Imagining, que busca una mejor comprensión del cerebro en la salud y la enfermedad, es líder en el desarrollo de algoritmos computacionales avanzados y enfoques científicos para el cartografiado global y cuantitativo de la estructura y funcionamiento del cerebro. Forma parte del Department of Neurology de la UCLA, que combina más de una docena de programas de investigación, clínicos y docentes.
Corte lateral de la superficie cortical derecha. El círculo rojo indica donde ocurrió el máximo efecto. Arriba: Mayor girificación en 50 meditadores a largo plazo comparado con 50 sujetos control. Abajo: Correlaciones positivas entre la girificación y la cantidad de años de meditación en los 50 medidatores.

Penetrar en el dolor

Facundo Díaz
La próxima vez que tengas dolor de cabeza intenta poner en práctica una pequeña técnica meditativa, experimentalmente; luego podrás pasar a enfermedades mas graves y a síntomas mas importantes.

Siéntate en silencio y observa tu dolor de cabeza, míralo, pero no como se mira a un enemigo. Si lo miras con enemistad entonces no podrás mirar correctamente, estarás evitándolo.
Nadie mira al enemigo directamente; uno lo evita, tiende a evitarlo. Míralo como si fuese tu amigo. Es tu amigo; esta a tu servicio: Te esta diciendo "algo va mal, míralo". Siéntate en silencio y observa el dolor de cabeza sin intención de detenerlo, sin desear que desaparezca, sin conflicto, lucha ni antagonismo. Solo míralo, en lo que es.


Observa, por si el dolor de cabeza te trajese un mensaje. Tiene un mensaje codificado. Y si observas pacientemente te sorprenderás. Si miras en silencio sucederán tres cosas:
PRIMERA: cuanto más lo mires, mas doloroso se volverá. Entonces te sentirás un poco perplejo: "¿cómo puede esto ayudarme si resulta que todavía me duele más?. Se vuelve más doloroso porque lo has estado evitando. Estaba ahí, pero tu lo evitabas; lo reprimías, incluso sin la aspirina con que lo ibas a reprimir. Cuando lo miras directamente desaparece la represión. El dolor de cabeza alcanzara su intensidad natural. Entonces estarás escuchando sin orejas, sin tapones para los oídos. Te dolerá mucho.
LA SEGUNDA COSA, es que se hará más identificable; no parecerá extenderse por una gran superficie. Antes pensabas: "me duele toda la cabeza". Ahora te das cuenta que no es toda la cabeza, sino solo un pequeño punto. ESA TAMBIÉN ES UNA INDICACIÓN DE QUE AHORA ESTAS PROFUNDIZANDO EN ÉL. La sensación general del dolor es un truco, es un modo de evitarlo. Si estuvieses localizado en un punto seria más doloroso, y por ello creas la ilusión de que te duele toda la cabeza. Al estar extendido por la cabeza no resulta tan intenso en un punto. Son trucos con los que jugamos.
Míralo y el segundo paso será que se hace más y más pequeño. Y llega un momento en que es solo la punta de una aguja, muy agudo, increíblemente agudo y muy doloroso. Nunca habías tenido un dolor de cabeza así, pero esta confinado en un punto diminuto. Sigue observándolo.
Entonces sucede LA TERCERA COSA y las más importante. Si sigues observando ese lugar donde resulta tan intenso, confinado y concentrado en un punto, verás que desaparece en muchas ocasiones. Cuando tu mirada es perfecta desaparece. Y cuando desaparece tendrás vislumbre de donde proviene, de cual es su causa. Cuando el efecto desaparece puedes percibir la causa.
Sucederá en muchas ocasiones, y volverá a surgir. Tu mirada dejara de estar tan alerta, concentrada y atenta: entonces regresará. Siempre que lo observes con atención acabará desapareciendo, y al hacerlo revelará la causa. Y te sorprenderá comprobar que tu mente esta lista para revelarte la causa.

¿Qué es la meditación?


Venerable Acharn Tippakorn Sukhito
Estas preguntas fueron planteadas por Joerg Dittmar, el director alemán de la película “What is meditation?” (¿Qué es la meditación?) La intención de esta película fue ofrecer información a los principiantes que están interesados en la meditación.

Pregunta: ¿Qué es la meditación?
Respuesta: Uno tranquiliza la mente concentrando su atención en un único objeto (por ejemplo, la respiración). Una vez que la mente está tranquila, uno debe desarrollar meditación de introspección para obtener entendimiento sobre la verdadera naturaleza de su cuerpo y mente.P: ¿Quién puede meditar?
R: Cualquiera puede meditar, pero depende de la capacidad de cada uno. Los niños entre 7 y 10 años deberían empezar con 10 minutos, de 10 a 15 años con 20 minutos, personas sanas a partir de 15 años con 30 minutos.
P: ¿Por qué meditar?
R: Para entender más profundamente nuestro cuerpo y nuestra mente uno ha de obtener más control sobre su mente, con el fin de evitar que vaya por el camino equivocado, pues eso conlleva sufrimiento. También llegamos a entender cómo crear felicidad sin tener que gastar dinero. Cuando desarrollamos benevolencia (Mettā) ya no dudamos sobre qué es “vida”. Dicho de manera breve, desarrollamos la mejor cualidad de la mente.
P: ¿Cómo se medita? (métodos)
R: El Buddha enseñó 40 técnicas de meditación. El meditador puede elegir entre ellos, según su propio carácter o tipo de personalidad. Generalmente, uno primero desarrolla la meditación de concentración (samatha) y después meditación de introspección (vipassana). Contemplando cuerpo y mente uno se da cuenta de los tres factores: impermanencia, insatisfacción e
impersonalidad (Anicca, Dukkha y Anattā).
P: ¿Cómo influye la meditación en la mente de una persona?
R: Uno obtiene entendimiento sobre causa y efecto y por ello uno será más cuidadoso con su comportamiento y habla. Uno comprenderá que es más importante mirar sus propios fallos que mirar los fallos de los demás. El resultado será más paz mental en todas las situaciones.
P: ¿Cómo afecta la meditación en la vida de una persona?
R: Uno experimenta más felicidad debido a la capacidad de soltar las cosas cuando surgen dificultades. Uno estará menos involucrado emocionalmente y así será capaz de disfrutar de las cosas sin que sean causa de nuevo sufrimiento (éste es el caso si estamos apegados a las cosas).
P: ¿Qué puedes ver cuando meditas?
R: Normalmente decimos que ver es sólo ver. Deberías darte cuenta y soltarlo; no sigas demasiado a la impresión óptica. Lo que ves de manera correcta es impermanencia, insatisfacción e impersonalidad.
P: ¿Qué puedes oír cuando meditas?
R: Oír sólo es oír. Deberías darte cuenta y soltarlo; no sigas demasiado a la impresión auditiva.

Pensamiento Positivo y Meditación

La calidad de nuestros pensamientos determina nuestro grado de felicidad.
Somos lo que pensamos. Todo lo que somos lo somos por nuestros pensamientos. Y con nuestros pensamientos, construimos el presente, por lo tanto nos convertimos en lo que pensamos.


Debemos ejercitar y entrenar los pensamientos positivos y creativos ya que estos contribuyen a generar una buena salud y una mente tranquila y alegre. La mente estará bajo un control perfecto con la práctica regular de la meditación.Cuando la superficie de un lago está tranquila se puede ver el fondo muy claramente, pero cuando la superficie del lago es agitada por el viento aparecen olas y la visión clara del fondo se hace imposible. De la misma manera, cuando la mente está quieta, tranquila, concentrada y exenta de deseos, se puede mirar y observar en el interior de nosotros mismos.
La agitación mental se puede controlar de dos maneras: mediante la concentración de la mente en lo interno o en lo externo. Internamente, nos centramoss en el "yo" o la conciencia de "yo soy". Externamente, nos centramos en lo que es ajeno al "yo" o al "yo soy".
Cuando nos concentramos profundamente en cualquier actividad que realizamos, como podría ser, por ejemplo, conseguir una canasta cuando jugamos al baloncesto, los demás pensamientos se ralentizan, se acallan, sólo estamos plenamente concentrados en ser capaces de conseguir introducir la pelota en la canasta. Sentimos que hemos jugado un buen partido, cuando hemos alcanzado la perfecta concentración. La felicidad que experimentamos, no viene porque la pelota entró en la canasta dieciocho veces, sino porque hemos logrado la perfecta concentración dieciocho veces. En ese momento, todas las preocupaciones y los problemas del mundo se diluyen y desaparecen.
La capacidad mental para concentrarse es inherente a todos, no es extraordinaria ni misteriosa. La meditación no es algo que un yogui tenga que enseñar, ya que todos tenemos la capacidad de apagar nuestros pensamientos y tranquilizar nuestra mente.
La única diferencia entre esta concentración y la meditación, es que en general hemos aprendido a enfocar la mente en objetos externos a nosotros. Cuando la mente está totalmente concentrada, el tiempo pasa desapercibido, como si no existiera. Cuando la mente está plenamente enfocada y verdaderamente unifocalizada, la sensación temporal se desvanece. El tiempo no es más que una modificación de la mente. El tiempo, el espacio y la causalidad, y todas las experiencias externas son en realidad creaciones mentales.
Para lograr ese estado de tranquilidad duradera y paz absoluta, primero debemos saber cómo calmar la mente, para concentrarse e ir más allá. Al enfocar la concentración de la mente hacia el interior, sobre el yo, podemos profundizar en la experiencia de la perfecta atención plena y concentración. Este es el estado de la meditación, este es el estado que debemos buscar y encontrar.
Son muy variadas las formas adecuadas de la práctica de la meditación. Cualquier técnica que afiance la conciencia o la atención plena en el cuerpo, la mente, los sentidos o el corazón es una buena meditación. Lo importante no es qué técnica elijamos sino, que una vez tomada la decisión, perseveremos y seamos constantes en la práctica. Si realmente queremos aprender una habilidad necesitamos perseverancia y paciencia.
Elijamos la técnica de meditación que elijamos debemos intentar practicarla a diario y si es posible seguir las indicaciones de un maestro. También debemos aprovechar la oportunidad de sentarnos con otras personas. Con la paciencia y la constancia llegará un momento que, naturalmente, desarrollaremos la capacidad de abrirnos al presente y conseguiremos la compasión necesaria para abrirnos a todo lo que encontramos alrededor nuestro en esta vida.
Las técnicas básicas de meditación
La meditación es una experiencia que difícilmente se puede describir, al igual que los colores no se pueden describir a un ciego. Toda la experiencia cotidiana se ve limitada por el tiempo, el espacio y la causalidad. Nuestra conciencia y conocimiento normales no trascienden estos límites.
La experiencia finita, que se mide en términos de pasado, presente y futuro, no puede ser trascendental. Los conceptos de tiempo son ilusorios, ya que no tienen permanencia. El presente, inmensurablemente pequeño y efímero, no puede ser captado. Pasado y futuro no existen en el presente. Por tanto, vivimos en la ilusión.
El estado meditativo trasciende todas estas limitaciones. En él no hay ni pasado ni futuro, sino sólo la conciencia de "yo soy" en el ETERNO AHORA. Esto sólo es posible cuando todas las modificaciones mentales se calman.
El estado más cercano análogo a la meditación que podemos experimentar es el sueño profundo, en el que aparentemente no hay ni tiempo, ni espacio, ni causalidad. La meditación, sin embargo, difiere del sueño profundo, ya que al frenar y amortiguar las caprichosas oscilaciones de la mente, potencia y atrae la paz mental.
En el plano físico, la meditación ayuda a un mejor funcionamiento del metabolismo, prolonga el proceso anabólico del cuerpo, mejorando el crecimiento, la reparación celular, y el almacenamiento de energía en las células, por tanto, reduce el proceso catabólico o de decadencia. Normalmente los procesos anabólicos predominan hasta la edad de 18 años. De los 18 a los 35 hay un balance entre los dos, y después de los 35 domina el proceso catabólico. La meditación puede reducir significativamente el descenso catabólico. Esto es debido a la receptividad innata de las células del cuerpo. Aunque anabolismo y catabolismo son dos procesos contrarios, los dos funcionan coordinada y armónicamente, y constituyen una unidad difícil de separar. La meditación contribuye a que estos procesos se desarrollen de forma equilibrada.
Cada célula de nuestro cuerpo se rige por la mente subconsciente instintiva. Cuando los pensamientos y deseos fluyen en el cuerpo, las células se activan. El cuerpo siempre obedece a la demanda del grupo. Se ha demostrado científicamente que los pensamientos positivos traen resultados positivos para las células. Como la meditación atrae un prolongado estado de ánimo positivo, rejuvenece las células del organismo y retarda el decaimiento.
Hay ciertos puntos importantes a tener en cuenta con respecto a las técnicas y etapas de la meditación.
Los 14 puntos básicos de la meditación:
  • 1. Regularidad en el tiempo, lugar y práctica es muy importante. La regularidad condiciona a la mente para ralentizar sus actividades con un mínimo de retraso.
  • 2. Las horas más efectivas son al amanecer y al atardecer, cuando la atmósfera está cargada de fuerza espiritual especial. Si no es posible sentarse a meditar en estos momentos, se puede elegir una hora en la que no se esté involucrados en las actividades diarias, y un momento propicio para que la mente pueda calmarse.
  • 3. Debemos tratar de tener un lugar propio para la meditación. Cuando se repite la meditación en el mismo lugar, poderosas vibraciones se asentarán en ese lugar, una atmósfera de paz y pureza se hará sentir.
  • 4. Intentaremos sentarnos si es posible hacía el norte o el este con el fin de aprovechar las vibraciones magnéticas favorables. Preferiblemente nos sentaremos en una postura firme, confortable, con las piernas cruzadas con la columna vertebral y el cuello erguidos, eliminando cualquier tensión. Debemos estar cómodos, así que en principio cualquier postura puede ser válida mientras mantengamos la columna vertebral erguida y sin tensión.
  • 5. Antes de comenzar, ordenamos la mente en silencio durante un período específico de tiempo. Intentamos olvidar el pasado y el futuro.
  • 6. Regulamos la respiración conscientemente. Comenzando con cinco minutos de respiración consciente preferiblemente abdominal profunda para llevar oxígeno al cerebro.
  • 7. Mantenemos la respiración, rítmica, inhalando durante tres segundos y exhalando durante tres segundos. El ritmo de la respiración regula el flujo del prāṇa, la energía vital.
  • 8. Permitimos que la mente divague al comienzo de la meditación. Saltará de un lado a otro, pero con el tiempo se volverá más concentrada, junto con la concentración del prāṇa.
  • 9. No debemos forzar para que la mente esté quieta, ya que esto creará ondas cerebrales adicionales, impidiendo o dificultando el desarrollo de la meditación.
  • 10. Seleccionamos un punto focal en el que la mente pueda descansar. Para las personas que son de naturaleza intelectual, esto puede ser el Ājñā chakra, el punto central entre las cejas. Para las personas más emocionales, se usa el Anāhata o chakra del corazón. Procurando no cambiar el punto focal elegido.
  • 11. Nos concentramos en un objeto neutral o elevado, manteniendo la imagen en el lugar de concentración. Podemos usar un mantra, repitiéndolo mentalmente, y coordinamos la repetición con la respiración. Sino conocemos o no tenemos un mantra personal, podemos utilizar OM. A pesar de que la repetición mental es bastante poderosa, el mantra puede repetirse en forma audible si comenzamos a sentirnos soñolientos. Debemos procurar no cambiar el mantra.
  • 12. La repetición llevará al pensamiento puro, en el que la vibración del sonido se fusiona con la vibración del pensamiento, sin conciencia del significado. La repetición audible progresa a través de la repetición mental de lenguaje telepático y desde allí al pensamiento puro.
  • 13. Con la práctica, la dualidad desaparece y samādhi o el estado superconsciente, se alcanza. No debemos ser impacientes, ya que esto puede llevar mucho tiempo.
  • 14. En samādhi se descansa en el estado de felicidad en la que el conocedor, el conocimiento, y conocido se vuelven uno. Este es el estado de superconsciencia alcanzado por los místicos de diversas religiones y creencias.
Si meditamos todos los días, seremos capaces de enfrentar la vida con paz y fortaleza espiritual. La meditación es el tónico más poderoso para la mente y los nervios, ya que la energía vital fluye libremente durante la meditación y ejerce una influencia benigna en el cerebro, los órganos de los sentidos y el cuerpo. Se abre la puerta al conocimiento intuitivo y la mente se vuelve más tranquila y firme.
La meditación favorece y mejora la autoestima positiva. La autoestima es el sentimiento o concepto valorativo (positivo o negativo) de nuestro ser, la cual se aprende, cambia y la podemos mejorar. La autoestima se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo, asimilando e interiorizando durante nuestra vida.
En lo más profundo de nuestro ser existe una imagen que nosotros hemos creado, aunque no estemos plenamente conscientes de ello, que refleja la idea que nosotros nos hemos forjado de quienes somos como persona y cuan valiosos somos con respecto a otros. Se corresponda o no con la realidad, esta imagen es nuestro punto de referencia con respecto al mundo que nos rodea, es nuestra base para tomar decisiones y es nuestra guía para todo lo relacionado con nuestro diario gestionar en la vida.
Según como se encuentre nuestra autoestima, ésta es responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que estos están intrínsicamente ligados. Una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de mí mismo, potenciará la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, así como también es la base de una salud mental y física adecuada, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.
El sentido que debemos llevar a la meditación es el de la apertura de pensamiento y la observación. Independientemente de la postura que elijamos debemos aprender a prestar atención al momento presente. Debemos aprender a concentrarnos de manera equilibrada y consciente observando la respiración, el cuerpo, la mente y las emociones, dándonos cuenta de las pautas mentales que crean el sufrimiento y de las pautas mentales que generan la compresión y la compasión.
"La meditación es el comienzo de la acción del alma, y no solo una función de la mente… cuando se practica correctamente, la meditación es placentera y no puede ser fuente de fatiga o tedio".
Swami Kṛṣṇananda

lunes, 5 de noviembre de 2012

Las ondas cerebrales


El cerebro está compuesto por millones de células especializadas llamadas neuronas, cada neurona está conectada con otras de manera que forman una red de interconexiones donde la información se transmite por medio de impulsos nerviosos. C emisión de las ondas cerebrales. Estas ondas se pueden medir por medio de un electroencefalograma y se miden en microvoltios y en ciclos por segundo. Según su intensidad se han clasificado cuatro bandas que se corresponden con diferentes estados de conciencia y son de mayor a menos: Beta, Alfa,Theta, y delta.


  1. Beta: 150 a 200 microvoltios y de 13 a 28 Hz
  2. Alfa: 100 a 150 microvoltios y de 7.5 a 13 Hz
  3. Theta: 50 a 100 microvoltios y de 13 a 3,5 Hz
  4. Delta: 10 a 50 microvoltios y de 3,5 a 0,2 Hz

ONDAS CEREBRALES
Ram-Alta más de 28 Hz estado de estrés, confusión
Beta de 13 a 28 Hz situación normal
Alfa de 7,5 a 13 Hz Relajación
Theta de 3,5 a 7,5 Hz sueño, meditación profunda
Delta de o,2 a 3,5 Hz sueño profundo, meditación
El paso de un estado a otro normalmente se produce de forma mecánica pero mediante la meditación se puede influir voluntariamente en ese proceso.
Durante la emisión de ondas beta el individuo se encuentra en estado de vigilia, estas ondas predominan cuando se realiza un trabajo físico o mental de análisis y razonamiento.
Las ondas alfa están relacionadas con el estado de relajación, la ausencia de ansiedad o tensión, el aumento de la creatividad y de la claridad mental, también influyen a nivel físico en funciones como el ritmo cardíaco o la circulación sanguínea.
Las ondas Theta tienen un ritmo más lento, están relacionadas con el estado de sueño con ensueño, los estados de intensa creatividad y la meditación profunda
Las ondas delta son extremadamente lentas y se manifiestan durante el sueño profundo.
Durante el estado de meditación predominan las ondas alfa y si se consigue un estado de meditación profunda las ondas Theta. Si se consigue entrar y permanecer consciente en el nivel Delta se alcanza el estado de supraconsciencia donde la mente opera de forma totalmente integrada y desaparecen las barreras entre el consciente y el subconsciente.
Existen otro tipo de ondas llamadas ondas gamma que tienen una frecuencia muy elevada; más de 28 Hz y se producen ocasionalmente cuando diferentes circuitos neuronales se entrelazan entre si .
Los últimos estudios de meditación llevados a cabo en la universidad de Wisconsin con la colaboración del Dalai Lama en el que se estudió a un grupo de monjes budistas muy experimentados demostraron un ritmo oscilatorio en la frecuencia gamma mucho más elevado que en las personas que no meditan, esto demuestra que la meditación ayuda a la reorganización del cerebro y además que el cerebro es susceptible de ser educado y que el entrenamiento mental puede llevar al cerebro a estados muy elevados de conciencia. Además demostraron que durante la meditación se activa en el cerebro un área relacionada con estados de felicidad situada en el área prefrontal izquierda.
Antes de realizar el experimento los monjes ya presentaban una frecuencia oscilatoria de ondas Gamma superior al resto lo que también demostraría que la meditación produce cambios permanentes en el cerebro.
Por otro lado la potencia medida en microvoltios tiende a ser más elevada en los meditadores experimentados independientemente de la frecuencia.